Viviendo Carceles por Nadir Chacin

Viviendo Carceles por Nadir Chacin

 Viviendo Carceles por Nadir Chacin

Viviendo Carceles por Nadir Chacin. La Cárcel es un tipo de vida que decidimos vivir, algunos por un rato y otros para toda su existencia. La Cárcel no es algo que aparece por azar es una construcción que hacemos. Usas un tiempo determinado, pones todos los barrotes, delimitas el espacio y decides vivir en él. A salvo del mundo exterior, pero preso, MUY muy preso

Tal vez la vida no se trata de reaccionar contra cárceles propias o ajenas, quizá tampoco ante las socialmente bien vistas. Las hemos utilizado para protegernos es cierto, sí protegen, objetivamente hablando: protegen… pero… ¿se podrá renunciar a la libertad por siempre? ¿No es la libertad un privilegio, un don, casi un deber, una prerrogativa del ser humano? El que renuncia a la libertad se marchita hoy, mañana o pasado mañana, pero se marchita finalmente.

No estoy por la labor de criticar al matrimonio ni a todas las convenciones sociales que establecen un orden, una forma específica (aunque diversa) de vivir. Sí, sí estoy en el camino de “ver” al matrimonio y a las relaciones de pareja “directamente a los ojos” y decirles lo qué pienso. A veces el matrimonio apesta, como dice mi hijo adolescente. En otras ocasiones, hasta las mismas relaciones de pareja tienen su hedor muy singular. Ambos, matrimonio y relación de pareja, son como todo lo que crea el ser humano, pueden dar(te) vida o destruirla, tú decides.

Muchas mujeres (también los hombres) llegan al matrimonio con ideas hermosas en su cabeza sólo para comprobar -como siempre sucede con las ideas- que eso que obtienen nada tiene que ver con lo que se imaginaron. La idea hermosa deviene pesadilla con un empujoncito tan pequeño. ¿Las personas que están adentro se quieren salir o las que están afuera quieren entrar? Qué actitud tan esquizofrénica.

Los hijos pasan a ser el chivo expiatorio de la unión conyugal, a ellos se les cargan todas las culpas: la falta de sexo, la rutina, el abandono de los sueños y deseos más íntimos, la renuncia a una carrera profesional: al éxito (lo que significa para cada quien).

Qué libertad puede tener una persona que está en una cárcel así… no trabaja, no tiene independencia económica, no tiene a dónde irse (si se va), ha renunciado a su vida profesional por completo (hace tanto que ya olvidó qué es lo que sabe hacer), no tiene poder de decisión, su familia y amigos brillan por su ausencia… hasta ahora ha tenido un amante (pareja) que decide por él o ella, con o sin su consentimiento… qué más da… esa persona sabe lo que este ser humano necesita…. incluso (según dice) más que lo que ella o él puede saber sobre sí mism@. A veces cree que sí, que él o ella sabe más. ¿Esta cárcel se la buscó?… ¿surgió de la nada y por casualidad? ¿La buscó hasta encontrarla y meterse en ella? ¿El Decididor, La Decididora, soberanos de la casa, amas de la casa, qué parte de la sinfonía fatal ayudó a componer para y por su amante, en qué colaboró al componerla para sí mismo, para sí misma? Uhmm, me pregunto… me pregunto. ¿En qué parte de la historia, la persona perdió la fuerza para guiar el timón de su barco personal?

¿Cuando es que uno decide, en qué situaciones existe la posibilidad genuina de decidir algo? Pensar que la cárcel no existe, creer que no existe, no hace que la cárcel desaparezca ¿o sí? La ignorancia real o fingida sobre tu propia cárcel de qué sirve… o más bien SIRVE, REALMENTE SIRVE.

Gozas de una pareja, marchitada o no, da igual… ahí está… siempre lista como los boyscouts, las girlscouts, pendiente de tus (sus) supuestos deseos antes de que los digas. ¿Te motiva, te alienta, te seduce vivir con una presa… con un preso? En el fondo de su mirada ya no está la llama de antes, ya no brillan sus ojos cuando l@ miras.

Todo humano que entrega su vida a un amante, el que entrega su vida a una idea, a un plan, sin asegurarse LIBERTAD está condenad@ al fracaso. No porque el matrimonio o la relación amorosa no esté aparentemente bien, podría incluso ser la envidia de la ciudad, pero en el fondo… allí en esos minutos en que apoyas tu cabeza sobre la almohada y suspiras… ¿Cómo fue que llegué aquí, a esta cárcel? te preguntas.

Nadie te oirá -estás a solas contigo mism@- pero sabrás que el “se marchita finalmente”, ese que escribí líneas arriba… ya te pasó. Sí, a ti.

No hay nada más, nada, nada más PRIORITARIO que sentirse viv@, verde muy verde, palpitante, con humedad en los pétalos, en las hojas, con brotes nuevos, con el tronquito verde y brillante, con tierra húmeda y llena de humus, interminable a tu alrededor, hacia dónde expandirte, CRECER. ¿O sí hay otra cosa… algún otro sentido por el cual estar aquí viviendo?

T: ¿Cárcel? ¿De verdad quieres seguir en tu cárcel? Allí estarás seguro, pero no habrá rocío en tus hojas por las mañanas, no habrá lluvia que te bañe, no habrá palpitaciones en tus raíces mientras toman del suelo los nutrientes…

C: ¿Seguiré siendo yo aunque viva en esta Cárcel?

T: Eso quieres saber…

C: Sí, eso necesito saber.

T: No! ya no eres tú… hace mucho. Lo que eres muere temporalmente si vives en una cárcel, hasta que decides revivirlo.

C: ¿Cómo se revive algo muerto hace tanto tiempo?

T: Con mucho dolor.

C: ¿Y para qué sufrir más, al menos el sufrimiento de esta Cárcel ya lo conozco…?

T: Sí, ya lo conoces. Pero ese sufrimiento no te lleva a ninguna parte, en cambio el dolor del que te hablo te lleva a ser LIBRE.

C: ¿Y para qué quiero tanta libertad? Me da más miedo…

T: ¿Y para qué quieres tanta libertad?

Nadir Chacín es originaria de Venezuela, donde nació en 1971. Desde hace algunos años radica en México donde cursó estudios de antropología y ha labrado una larga trayectoria como editora y articulista. Recientemente publicó el libro Senderos de paz (Alamah, 2008). Actualmente se desempeña como editora de la editorial Sexto Piso y es colaboradora de Hola Calgary
Con amor,

Nadir

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